domingo, 10 de enero de 2016

Siempre estamos pariendo



Se habla mucho de educación últimamente, los políticos utilizan esta palabra en sus mítines, las autonomías se involucran en una pugna por modificar el currículum según sus intereses, el profesorado hace sobreesfuerzos para adaptarse a cada cambio de ley y las familias y alumnos implicados se sienten desorientados hasta el punto de dejarse arrastrar, en muchos casos y casi sin darse cuenta, a la orilla de la ignorancia y la falta de una educación integradora y liberadora… Sí, se habla mucho, pero quizás se hace poco o se intenta poco, o por decirlo de otro modo, se prefiere ignorar la situación intentándonos convencer de que “cualquier tiempo pasado fue siempre mejor”.
     Y en medio de esta situación, que no es más que el reflejo de lo que ocurre a nivel mundial en otras dimensiones de la vida de la humanidad (sanidad, desarrollo, economía, ecología, inmigración…), hay personas que siguen apostando, soñando e implicándose por reflejar que otro mundo es posible.
¿Y nosotros, padres, profesores, personal del PAS,  alumnos, amigos, antiguos alumnos, colaboradores…? creemos de verdad que podemos estar dentro de este grupo que sueña el cambio?, ¿lo deseamos?
La palabra cambio nos aterra, supone riesgo, aventura, confianza y pasión, y no siempre estamos dispuestos a embarcarnos en todo esto, pues nos lleva irremediablemente a desinstalarnos, movilizarnos, cambiar nuestra mirada y nuestros hábitos y abrirnos a algo nuevo que ni de lejos sospechamos, pero que nos hace salir de nuestra zona de confort.
Sin embargo, para nosotros, comunidad educativa de un Centro de la Fundación Educativa ACI, supone una “vuelta” a las raíces para arraigarnos en ellas y dejar que nos impulsen hacia adelante con la fuerza de nuestro carisma y las aportaciones novedosas que los tiempos actuales nos regalan.
Y es que parece que hemos olvidado que nuestra “pedagogía del corazón”, algo que pertenece a nuestra herencia, a nuestro ser más profundo, es a la vez lo más novedoso y creativo, la fuerza más inspiradora que tenemos para sumarnos al cambio que la educación nos pide hoy.
Desde los orígenes nuestras Fundadoras tenían clara su misión: la educación evangelizadora, es decir, formar a alumnos competentes,al estilo de Jesús de Nazaret, el hombre “competente” por excelencia. Ellas sabían, que si bien, era importante dar conocimientos a los alumnos, más importante aún era darles herramientas para la vida, recursos para transformarse en personas “para los demás”. Y sabían que esto sólo era posible desde una pedagogía muy concreta, la del corazón.
Durante más de 100 años, las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, han bebido de este carisma y lo han dado a beber a todas las personas con las que se han relacionado. Nuestros proyectos educativos han reflejado con claridad que la pedagogía del corazón era nuestra pedagogía propia y nos ha inspirado el modelo de persona que queríamos formar. Desde el inicio se perfilaron los rasgos y dimensiones de esta pedagogía propia y la metodología que en aquellos tiempos se debía utilizar para dar calidad a nuestra enseñanza. Y ahora, nos toca seguir caminando, creer que podemos educar para el cambio.
Muchos os preguntaréis la receta mágica para hacer esto, y quizás aún estemos caminando a tientas, pero sabemos con seguridad, porque la experiencia lo demuestra, que cuando somos capaces de sacarle jugo a lo que la ley nos marca, concretándola en nuestros Centros a través de nuestra propia pedagogía del corazón, con metodologías activas, cercanas y adaptadas a los alumnos que tenemos delante, y con el añadido de la ilusión, creatividad y pasión por lo que hacemos, estaremos contribuyendo al cambio educativo, es más, al cambio de la sociedad y del mundo.
Eso sí, el cambio es cosa de todos, los equipos directivos deben tener un plan estratégico, unas líneas estratégicas que le indiquen el camino que tienen que liderar, el profesorado debe ser riguroso en su formación permanente y en su actualización y ser conscientes de que lo importante no serán las calificaciones, si no el contribuir para que el alumnado sea autónomo y protagonista de su propio aprendizaje,  las familias tendrán que implicarse con la línea del Centro y los alumnos necesitarán abrir su corazón y su mente para comprender que ahora son ellos el centro de nuestra misión, que ahora tienen un papel más activo que nunca en su propio proceso de aprendizaje.

Hoy, seguimos creyendo con firmeza que sólo educando el corazón de nuestros alumnos estaremos colaborando con el proyecto y el sueño que Dios quiere para nuestro mundo, que sólo si estamos convencidos que educar es en definitiva amar, podremos transmitir la pasión por un mundo más justo solidario y por último, que sólo si estamos abiertos al cambio, a la novedad que nos traen los tiempos actuales y a la esperanza, podremos convertirnos en “parteros” de una nueva humanidad, porque como dicen una canción de Martín Valverde, “siempre estamos pariendo”… y a esto estamos llamados, a dar a luz, a posibilitar que en el mundo nazca la novedad que Dios nos trae siempre.

Probablemente será un “parto” difícil, y como todo parto supondrá pérdida, dolor y llanto. Tendremos que esperar pacientemente para ver los resultados, para comprobar que nuestros alumnos salen de nuestros Centros formados íntegramente, con un buen nivel de competencia adquirido…y tendremos que seguir esperando, nueve meses, y otros nueves meses, y otros tantos más… pero tendremos siempre la esperanza de que nuestra aportación, nuestro esfuerzo, dará su fruto y que los “partos” siempre llegan a su fin y ese fin es el tesoro más preciado que nos puedan regalar: la VIDA y ésta en abundancia.




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